jueves, 7 de agosto de 2008

La hospitalidad siria

Hasta ahora los sirios nos habían tratado bien, pero lo de los últimos días en Hama ha superado todos los límites imaginables.

Después de cambiar el autobús que nos traía desde Aleppo, debido a una avería, ML consiguió un asiento a base de codazos mientras yo guardaba las mochilas en el maletero. Al final pude sentarme en las escaleras de la puerta de atrás, donde antes de llegar hice un "amigo" que me pidió disculpas por el problemilla sufrido en el bus. Le contesté que no pasaba nada mientras pensaba que, en España, habíamos estado a punto de perder el avión por culpa de Alsa.

Nada más bajar intentamos regatear con los taxistas pero no hay manera. Ellos mismos (milagro!) nos dicen donde coger el service que lleva al centro. Debíamos de tener cara de perdidos porque un chico se acercó para intentar ayudarnos y terminó acompañándonos hasta la misma puerta del hotel (sin buscar comisión ni nada parecido). Incluso nos dio su tarjeta por si necesitábamos algo más esos días.


Después de ver las famosas norias de Hama y de dar un paseo por su casco viejo, estábamos buscando un sitio para navegar cuando dos o tres personas se nos acercaron inmediatamente para ofrecer su ayuda. Parecía que iban a convocar una consulta popular para buscarnos el mejor sitio, qué majos!

Al día siguiente decidimos ir a Apamea (Afamia), dejando las mochilas en la estación de autobuses para ir directamente a Damasco a la vuelta. Al salir en busca de los microbuses que nos debían dejar en el pueblo de antes, 3 hermanos sirios (2 chicas y un chico) nos preguntan dónde queremos ir. Una vez más, se ofrecen a acompañarnos al lugar adecuado. Por el camino, creo entender que les pilla de camino pues el chico sólo habla árabe. ML se entera, a través de una de las hermanas que si habla inglés, que son estudiantes que van de vuelta a Suqeilibiyya, su pueblo y nuestra "escala" hacia las ruinas. No contentos con llevarnos hasta la misma puerta del micro, nos pagan el transporte a pesar de que intentamos evitarlo. En el trayecto sufrimos el "interrogatorio" de rigor, aunque esta vez es mutuo. Nos enteramos de que son 6 hermanos, que su padre murió, que los dos que no hablan inglés son gemelos,... incluso hacen de guías turísticos a través de la ventanilla. Ya en su ciudad, nos ayudan a esquivar a los taxistas y nos indican dónde debemos enlazar para llegar a Apamea. Les ofrecemos ir a beber algo fresco pero tienen prisa, así que nos despedimos y continuamos el viaje.

El microbus nos deja en la carretera así que tenemos que sudar un poco en la subida. Antes de llegar nos llaman desde una casa cercana para indicarnos qué dirección debemos seguir e invitarnos a un café, muy bueno por cierto. El idioma es una barrera, apenas podemos preguntarnos el nombre y "hablar" un poco de fútbol.

Una vez en las ruinas nos volvemos a juntar con un par de chicos de Madrid que habíamos conocido en el hotel y que estaban estudiando árabe. Fotografiamos la impresionante calle principal con sus columnas desde todos los ángulos.


Son las 2 de la tarde y estamos todos cansados, así que decidimos emprender el camino de vuelta. Junto con una joven de Taiwan que se les ha unido bajamos de nuevo hacia el pueblo, aprendiendo alguna palabra de este difícil idioma (al menos para nosotros), viendo con cierta envidia cómo ellos se comunican con la población local e incluso regatean el precio de la comida: un pollo y medio, con su "alioli", su ensalada y hummus de acompañamiento por 550 libras, un euro y medio por cabeza.

Charlamos de regreso a Hama, intercambiando experiencias. Nos hablan muy bien del monasterio de Mar Musa, un lugar tranquilo donde puedes alojarte y comer gratis a cambio de ayudar en las tareas cotidianas. Nos llama la idea pero son las 5 de la tarde y finalmente nos da un poco de pereza tener que pensar en más cambios de autobuses y regateos de taxis a esas horas. Continuamos hasta la capital.

Al llegar a la estación de Damasco, buscamos una forma barata de ir al centro y Osama, profesor de inglés y ex-guía turístico, se ofrece a acompañarnos en microbús. Una vez más, nuestro nuevo compañero nos invita al trayecto y se recorre media Old City hasta encontrarnos un hotel. En agradecimiento le decimos que se venga a tomar algo con nosotros, ya que está de paso y no tiene prisa por ir a casa de su tío.

En una terraza están sentados unos "viejos conocidos" de Bilbao y Pamplona, con los que habíamos coincidido ya en Ammán y Latakkia. Los cinco juntos pasamos el rato y como se ha hecho tarde, vamos a cenar un shwarma. Procuramos hablar en inglés para que nuestro amigo sirio pueda intervenir, pero nos resulta difícil traducir algunas anécdotas. Cuando se va a dormir seguimos la conversación en castellano, intercambiando historietas sobre Egipto, Jordania y Siria. La mejor, sin duda, en Deir Ez-Zur cuando a nuestros compis les dieron "gato por liebre"... y eso que habían pedido pollo. Muy amablemente nos ofrecen la foto para el blog, pero por respeto a Guisante y compañía no la vamos a publicar. Estamos a gusto y se nos hace la 1 y media. Agotados, nos vamos a dormir a nuestra cama única (estaba todo lleno) después de un día estupendo, compartido con buena gente.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Aupa pareja, gracias por ser tan benevolos con nuestra experiencia culinaria, que ni el mismisimo ferran adria podria haber firmado jajajjaj. muchas gracias y que tengais un buen viaje por india,...
agur eta zorte on!!!

Los comegatos de iruna y bilbao

ml dijo...

Bueno, que baileis mucho por las discotecas pijas de Libano. A ver si os dejan entrar con zapatillas!!

Nu dijo...

Mil años sin internet (o han sido 15 dias???No se, se me ha hecho eterno
Hola chicos, me pongo ya a leer vuestras aventuras, me siento la Fraguel happy cuando tenia carta del tio Matt.
Que envidia!!! en el buen sentido, ya me hubiera encantado estar ahi charrando y charrando despues de cenar hasta q los ojos se me cierran de puro cansancio
Un beso y a seguir disfrutando del viaje
Nu