miércoles, 21 de julio de 2010

Incursión en la provincia de Kalinga

En todos nuestros viajes dejamos margen a la improvisación. Esa misma tarde habíamos hablado sobre la posibilidad de adentrarnos un poco en la provincia de Kalinga, con menos afluencia de turistas, pero lo desechamos por la recomendación de ir acompañados de alguien la zona. Quiso la casualidad que tomando un refresco en el hotel, se nos acercara Francis, uno de los guías recomendados por la Lonely Planet.

Comenzó enseñándonos su cuaderno con las referencias de los turistas que le habían contratado en los últimos diez años y un libro de fotografías, en el que también le nombraban, sobre diferentes etnias de dicha provincia, entre ellas los head-hunters cuyos hombres se tatuaban como señal de su victoria y las mujeres para ser más bellas. Al día siguiente tenía una pareja de holandeses para hacer una breve excursión visitando tres pequeñas aldeas, durmiendo en Tinglayan. No demasiado convencidos nos apuntamos para probar...
La primera aventura fue conseguir llegar hasta Tinglayan. Salimos en el jeepney pasadas las ocho y media de la mañana. En teoría eran poco más de dos horas de viaje. Lo que no sabíamos era el mal estado de la carretera, bueno, mejor sería decir pista de tierra, con múltiples deslizamientos de tierra, la mayor parte del tiempo con tan sólo anchura para un vehículo y el impresionante barranco del río Chicco a nuestra derecha, que nos hizo replantearnos volver a hacernos creyentes en varias ocasiones. Eso sí, el paisaje era impresionante, verdes montañas salpicadas de terrazas de arroz y podíamos ver el curso del río a lo largo de todo el camino.

Llegamos sobre las once la mañana, dejamos las mochilas en el Sleepy Beauty Guesthouse (400 PHP, creemos que el único alojamiento del pueblo) y comimos algo antes de salir a caminar. Francis nos sugirió que compraramos cajas de cerillas para ofrecerlas como regalo. El trekking fue un poco de risa, cruzando el río por un puente colgante y visitando dos o tres pueblecillos de la otra ribera del río, para volver de nuevo a Tinglayan.


Antes de llegar al primero de ellos, vimos a una mujercica con tatuajes recogiendo el arroz del campo y a otra guardándolo en un pequeño almacén de madera elevado sobre el suelo para protegerlo de las ratas.



En los poblados pudimos ver a varias ancianas con los brazos totalmente tatuados e incluso nos resguardamos de la lluvia en casa de una de ellas. Me sugirió que me hiciera tatuajes para estar más guapa, con la ventaja de que destacarían más en mi piel blanca. Tan sólo una de ellas no quiso que la fotografiáramos porque nos dijo que era fea, estaba moliendo el arroz y nos pareció una instantánea especialmente auténtica. Por supuesto no hicimos la foto.



A las cuatro de la tarde ya estábamos de vuelta en Tinglayan y Francis se despidió hasta el día siguiente a las seis de la mañana. Dimos una breve vuelta por el pueblo, nos duchamos con agua fría, preparamos algunos artículos para el blog con el ordenador y cenamos pronto. La joven pareja de holandeses decidieron continuar la fiesta en un video-karaoke cercano, probando las drogas por las que también se conoce esta zona de Filipinas. Creemos que no habían venido hasta aquí sólo por el paseo...

6:30 de la mañana: comienza la odisea de volver a Bontoc por la carretera del demonio, todavia con más desprendimientos después de la lluvia de ayer. La primera dificultad surge pronto, hay un pequeño deslizamiento de tierra y tenemos que esperar a que lo limpien para poder continuar. Por suerte, la pista está llena de maquinaria porque la están mejorando así que no tardan demasiado y además el sitio en el que paramos es un poco más ancho y tiene muy buenas vistas.


Poco después empezamos a oir la palabra “transfer”, ha habido un gran desprendimiento y la pista ha quedado cortada, así que tendremos que caminar ese trozo con las mochilas y coger un jeepney que hay al otro lado, de manera que nos intercambiamos los pasajeros. Al conductor se le ocurre la maravillosa idea de dar la vuelta un poco antes y andar marcha atrás más de doscientos metros. No me bajé porque estaba sentada al fondo del todo, pero desde luego lo hubiera preferido. De todas formas no nos deberíamos quejar mucho, por lo menos no íbamos con una superresaca como los holandeses ni camino del hospital como una madre con su hijo adolescente.


Llegamos a Bontoc después de más de cuatro horas, con la certeza de haber asumido más riesgos de lo previsto. Nos despedimos de nuestros compañeros de viaje deseándoles "mala suerte" para la final del domingo y pagamos a Francis lo acordado (1500 PHP entre los cuatro). Insistió en que le recomendáramos a otros viajeros pero creo que no podemos hacerlo, por lo menos para una excursión tan breve, quizá si mereciera la pena pasar más días y visitar aldeas más alejadas, eso sí, cuando terminen de arreglar la carretera!!

4 comentarios:

Ricardo dijo...

Hola,pareja:
Sigo con interés vuestro blog que, aparte de estar bien escrito, ofrece información muy interesante (Filipinas es otra asignatura pendiente). Desde luego que procuraré ir en otra época, porque ir en plena temporada de lluvias hace que no se disfrute tanto y se corran más riesgos de lo normal...
Lo de quedarse cortados por desprendimientos a nosotros nos pasó en Nepal y en Tibet.

Seguiré con atención próximas entradas, a ver si acabáis en algún destino de playa de postal (como Boracay, por ejemplo).

Un abrazo,
Ricardo Lafita.

Silvia dijo...

Bueno, bueno, ya veo que vuestras aventuras están llenas de adrenalina... Entre las lluvias, las alturas... está siendo un viajecito de los vuestros, eh!.

Un besico.
Silvia.

laloybea dijo...

Jeje como me recuerda a cierto país asiático con unas carreteras estupendas y con unas lluvias maravillosas...
Cuidado con esas carretericas¡¡¡
Por cierto nos vamos dos días de camping y nos habéis llenado de post jeje así así
Estáis seguros de que no hubieran aguantado las cortezas???? jijiji

ml dijo...

La verdad es que Filipinas ha estado bien y las lluvias no nos han molestado demasiado, podía haber sido peor.

Ricardo, ya habrás visto que al final acabamos en Pallawan pero Boracay también debe merecer una visita.

Silvia,también los viajes con vosotros están llenos de aventura, ¿os acordáis del tren de la bruja en la cueva de Eslovenia?

Lalo,ya lo siento pero cargar con las cortezas durante más de un mes era demasiado, porque siendo sinceros la fecha de caducidad no se la vimos.