jueves, 15 de septiembre de 2011

Bloqueadas en La Paz


Madrugamos con la emoción de partir hacia un nuevo destino: Bolivia. Se supone que el almuerzo está incluido en el autobús en el que viajaremos desde Arica a La Paz, pero aún con todo compramos dulces (unos conos de hojaldre rellenos de manjar) para desayunar y algunas empanadas chilenas. Vamos aprendiendo a ser precavidas y más nos vale, todavía no sabemos lo que nos espera.

Desde la puerta del hostal de la calle Maipu, cogemos el taxi colectivo nº 8 que nos lleva hasta la estación internacional de autobuses. Pagamos los 200 CLP de tasas de embarque y conseguimos unos pocos bolivianos haciendo negocios con las mujercicas cambistas que se supone que son de fiar. Es nuestro primer contacto con las cholitas, mujeres bolivianas que llevan la característica vestimenta con la pollera (una gran falda), enaguas, sombrero y dos largas trenzas entrelazadas al final.

Salimos puntuales a las 9:30. A priori serán nueve horas de viaje a través de impresionantes paisajes altoandinos. Para no pelearnos, y como viene siendo habitual, nos sentamos una delante de otra para tener las dos asiento de ventanilla, al lado izquierdo para poder ver el lago Chungará.


Las expectativas con las vistas no defraudan: volcanes, lagunas, muchas llamas y alpacas pastando entre riachuelos semihelados... pero lo de las nueve horas será otra historia.

Al principio el desierto lo domina todo. Conforme subimos van apareciendo fértiles valles pero el desierto se apodera otra vez del horizonte. Seguimos ascendiendo por una serpenteante carretera en bastante buen estado y un gran precipicio se asoma a nuestro lado. No resulta muy tranquilizador entrever en el fondo del barranco un contenedor de MSC. Este camino es la salida al mar de Bolivia después de que perdiera sus territorios costeros en la Guerra del Pacifico, y son numerosos los pesados camiones que lo transitan.

Después de varias horas, el paisaje característico altoandino nos impide dormir. Nos hubiera encantado poder bajar del autobús y quedarnos paseando por tan impresionantes parajes pero el crudo invierno de este año nos hizo desistir de hacer una parada en el Parque Nacional Lauca.


Estamos a más de 4000 metros sobre el nivel del mar pero afortunadamente el único efecto del mal de altura que hemos notado hasta el momento ha sido la explosión de una bolsa de cacahuetes y la pelota de un niño en un asiento próximo, malas pasadas de la presión atmosférica.

Pasamos la frontera sin ningún contratiempo si bien tanto a chilenos como bolivianos les hacen una inspección del equipaje mucho más minuciosa, siendo especialmente estrictos con los alimentos. A un pobre hombre no le dejan pasar unas olivas que llevaba cuidadosamente escondidas.

Todo iba sobre ruedas hasta el momento pero el asistente del autobús se va acercando a los pasajeros para darnos una pésima noticia: hay un bloqueo en la carretera y no se puede llegar a La Paz. Poco a poco nos vamos enterando que los habitantes de una comunidad de El Alto, en las proximidades de la capital, llevan varios días obstruyendo el paso a la ciudad como protesta por un problema con el suministro de gas. Son comunes este tipo de quejas y no se sabe cuándo se puede llegar a un acuerdo.

En Arica, la mujercica del hotel en el que nos alojamos nos había advertido algo sobre los bloqueos pero nosotras entendimos que el problema era por la nieve como ya nos había ocurrido en San Pedro de Atacama y como era bastante pesimista en todos sus comentarios optamos por no darle mayor importancia. Un error.

Avanzamos unos pocos kilómetros más hasta llegar a la interminable fila de camiones y autobuses que se había ido formando los últimos días. Después de más de ocho horas de viaje, estábamos a tan sólo cuarenta y cinco minutos de La Paz, tirados en medio de la nada, tan cerca y a la vez tan lejos de nuestro destino.

La única solución que nos ofrecían era bajar del autobús y probar a encontrar un transporte más pequeño que pudiera rodear el bloqueo por caminos de tierra. Desde la compañía no se encargaban de nada y nos teníamos que buscar la vida. Nuestra indignación iba en aumento por momentos, principalmente porque cuando salíamos de Arica ya sabían lo que estaba ocurriendo.

Los otros turistas cogen taxis o minivanes que están aprovechándose de la situación. Hacen lo mismo las familias con niños que se lo pueden permitir. Pagan lo que les piden, mucho más que todo el trayecto desde Chile. Otras personas más indefensas y sin recursos, se quedan allí con todo su equipaje.

Le pregunto a Alicia qué quiere hacer. Tengo claro que a veces no es cuestión de dinero sino de luchar por lo que consideras justo, pero tal vez para su primer viaje mochilero quedarnos a dormir en un autobús boliviano en medio de una carretera perdida no sea la mejor opción. Una vez más me demuestra que es una viajera todoterreno y prefiere que nos quedemos, exigiendo al conductor una solución.

Sólo nos hemos quedado ocho personas que rápidamente formamos una pequeña gran familia:
- Eva, boliviana, compañera de asiento de Alicia
- María, con su madre (abuelita) y la bisnieta (Catalina Micaela, niña de 11 años superpizpireta)
- Daniel, jovencico de Santa Cruz que ha estado trabajando en Chile y vuelve a casa para tramitar los papeles que le permitan legalizar su situación, y
- Cristobal, sureño que infunde una gran tranquilidad y que nos cuida especialmente.

Permanecemos unidos en la larga espera. Del conductor y el asistente sólo conseguimos un triste refresco que guardaban celosamente en el maletero del autobús. Cristobal averigua que han levantado el bloqueo, sólo es cuestión de tiempo que el superatasco que se ha formado se organice y podamos avanzar lentamente hacia La Paz.

Serán cinco horas más, charlando de política, bromeando, compartiendo la comida que llevamos cada uno y divertidas anécdotas. Como recompensa a los momentos de nervios y tensión, hemos vivido una experiencia mucho más enriquecedora sin duda que coger un taxi y unos momentos de convivencia difíciles de olvidar.

Llegamos a La Paz pasadas las diez de la noche. La vista desde El Alto de toda la ciudad iluminada resulta sobrecogedora. Nos despedimos de Cristobal y Eva que tienen familia esperándoles y los demás nos vamos a buscar alojamiento en los hostales cercanos a la estación. Están casi todos llenos pero conseguimos una cama pasable para una noche después de un largo e intenso día.







3 comentarios:

daniel gutierrez arredondo dijo...

hola alicia soy daniel meda mucha alegriade aver entrado asu pagina y revivir la pequeña aven tura que tubimos hojala pueda contactarlas x el facebook bueno me despido deseandoles mucho exito en todo lo que hagan les dejo mipagina danielito-1718@hotmail.com chauuuuuu y buena suerte

Anna dijo...

Hola, yo también estuve en Arica y en el lago chungará, impresionante!!!! Llevo tiempo leyendo blogs viajeros como el tuyo lo que me ha animado a crear el mío propio con mis humildes experiencias de viajes, pongo la dirección por si en algún momento lo quereis visitar: http://www.midiariodeviaje-anna.blogspot.com/ también tiene cuenta en facebook donde se anunciaran los nuevos posts: diario de viaje de kiana. Os podeis animar a leer y comentar todo lo que querais!! Saludos!!!

Tom martin dijo...

mmm